Altos de Luzón

  • Vino: Altos de Luzón
  • Productor: Bodegas Luzón
  • Tipo: Tinto
  • Denominación de Origen Jumilla (+ información)
  • Añada: 2016
  • Variedad: 50% Monastrell, 25% Tempranillo y 25% Cabernet Sauvignon
  • Crianza: 12 meses en barrica de roble americano y francés. Resto, en botella.
  • Grado alcohólico: 14,5º
  • Temperatura de servicio: Entre 16º y 18º gracos
  • Evolución: 2024

 

La Cata

Por Enrique Calduch

 

“Tiene una nariz muy expresiva con clara presencia de frutas moradas y tonos especiados y torrefactos fruto del paso por barrica. En boca presenta un buen equilibrio entre el grado y el punto de acidez, resultando incluso goloso”.

 

LA BODEGA DEL MES

Bodegas Luzón

Bodegas Luzón es uno de los principales productores y exportadores de vinos de calidad de la D.O Jumilla, y una de sus bodegas máss históricas, produciendo vino desde finales del siglo XIX.

En la actualidad cuentan con más de 12.000 m2 de superficie construida. La estructura de la bodega original combina perfectamente con la piedra, madera y vidrio, que hacen de nuestra bodega un lugar especial, que recoge lo mejor de su pasado e incorpora la mejor tecnología y el mejor equipo humano para elaborar vinos con una personalidad muy marcada.

Los viñedos

La zona vitivinícola de Jumilla está situada al sureste de España, al norte de la región de Murcia sobre una altiplanicie rodeada de montañas. El clima en el que se encuentra es continental, influenciado por el cercano mar mediterráneo con días cálidos, con más de 3.000 horas de sol al año y unas lluvias que no alcanzan los 300 litros por metro cuadrado al año, y noches frescas, da como resultado un clima duro, que origina un suelo pobre en materia orgánica, de textura gruesa y pedregosa, arcillo-arenosos, con abundante caliza y que permiten obtener racimos pequeños, con buena concentración de azúcar, excelente acidez y hollejos más gruesos.

Un buen vino no comienza en la bodega, sino en la vid, en la viticultura y su cuidado. Bodegas Luzón gestiona unas 1.200 hectáreas de viñedos (tanto en vaso como en espaldera y con una edad media de aproximadamente 20 años), tanto en propiedad (Castillo de Madax, Finca la Solana, Finca Luzón, Finca la Traviesa, La Melera o Las Ramblas), como otras gestionadas por agricultores que trabajan bajo las directrices de sus técnicos de la bodega a lo largo de todo su ciclo vegetativo, participando en las decisiones de las labores propias del cultivo. Esta extensión de terreno podría parecer mucho, pero una de las cosas que caracteriza esta zona, fruto de la climatología, es la escasa productividad por hectárea/fruto, mientras hay zonas donde se pueden producir 20.000 kilos por hectárea, en Jumilla está entre 4 y 5.000 kilos por hectárea.

Las variedades que en la actualidad se pueden encontrar en sus viñedos son, por supuesto, la Monastrell, una uva tan característica en nuestra Región y que sirve de base para muchos de sus vinos, (la uva Monastrell, de poca producción por cepa, se caracteriza por tener racimos compactos, granos pequeños y un hollejo grueso) y que permite obtener principalmente, vinos tintos de un fuerte color rojo púrpura, muy expresivos y con una gran aroma a fruta roja y con taninos vivos en boca y una gran estructura. Es una variedad de fuerte carácter que suele derivar en vinos con una notable graduación

Otras variedades que encontraremos es la Garnacha Tintorera (Uva también muy plantada tanto en esta zona como en la zona de Alicante, siendo una de las pocas variedades cuya pulpa es tinta, las llamadas teinturier, palabra procedente del francés y que hace referencia, precisamente, al tinte que desprenden de fuerte color rojo), Syrah (Uva con una historia muy curiosa, ya que su nombre viene de la ciudad iraní de Shiraz, donde se creaba uno de los vinos más antiguos del mundo, el Shirazí, hace ya más de 2.500 años) Cabernet Sauvignon y Petit Verdot en cuanto a las variedades tintas, y la Macabeo (o viura) y Sauvignon Blanc en sus variedades blancas.

La superficie por parcela oscila entre las 7 hectáreas y las 15, que, dado el clima, las diferentes altitudes y la baja producción, permite elaborar por separado las parcelas de cada variedad, seleccionando y buscando siempre el mejor momento para su recolección por parte de nuestro equipo de enólogos.

La sala Altos de Luzón:

Si bien hasta hace poco pensábamos que los inicios de la bodega estaban en el año 1916, hemos logrado encontrar nueva documentación que nos confirma que el origen se remonta hasta el año 1841, cuando Don José de Molina (apellido que quizás a la gente de Jumilla pueda sonarle, pues todavía se conservan obras suyas en la población), comandante de los Reales Ejércitos destinado en la colonia española de Manila, Filipinas, decide volver a su tierra, a Jumilla, tras terminar su carrera militar, poniendo como nombre a sus tierras “Finca Luzón”, en honor a la isla en la que estuvo tanto tiempo y que siempre quedó en su recuerdo.

Esta finca sería creada como un mayorazgo destinado a su hija mayor Ana Josefa de Molina, quedando siempre la herencia de las tierras ligada a las ramas femeninas de la familia. Sería Ana Josefa y su marido Jose María Guillen Tomas los que darían un importante impulso comercial a los vinos producidos en Jumilla. José María inicia contactos comerciales con varias compañías de ferrocarriles para el Traslado de las pipas de vino (especie de barricas) procedentes de la Labor de Luzón desde la estación de Blanca, cerrando un contrato con la Compañía de Ferrocarriles Andaluces para el traslado del vino hasta el puerto de Alicante. Esto seguiría así, con el comercio de vinos a granel hasta el año 1980, año en el que venden las propiedades a Don Juan José Martinez Abellán y sus socios. Estamos entonces en una de las bodegas más antiguas de la zona de Jumilla y que además, desde sus orígenes y durante gran parte de su historia, fue dirigida por mujeres.

En esta sala es donde se comienza el proceso de creación de vino. En este caso, uno de los vinos más emblemáticos, Altos de Luzón.

El proceso comienza, tras la llegada de la uva, guardándola en cámaras de refrigeración para evitar que se produzca una fermentación espontánea no deseada.

Posteriormente, la uva se vuelca en la mesa de selección, donde se seleccionan los mejores racimos para la elaboración de los vinos. Tras esa selección, los racimos pasan a la despalilladora, donde se separan los granos de uva de sus raspones, en tal de separar la parte vegetal y herbácea, que aportaría sustancias no deseadas para el vino, de las propias uvas.

Una vez realizado este proceso, las uvas entrarían directamente en los depósitos de fermentación. Cada variedad de uva que forma Altos de Luzón, Alma de Luzón o Por ti, se fermentan de modo separado, para mantener las características y las notas de expresión que cada variedad tiene.

En estos depósitos, que cuentan con camisas refrigerantes para controlar su temperatura y por tanto, su fermentación, se lleva a cabo la fermentación alcohólica, que consiste en la conversión de azúcares del mosto en alcohol y gas carbónico. (La fermentación alcohólica es una reacción exotérmica, lo que significa que se libera energía. Esta liberación de gas carbónico, o CO2, es la que provoca que algunos vinos, como el Cava o el Champagne, contenga burbujas. Este CO2 es más pesado que el aire, y puede crear bolsas que desplazan el oxígeno de los recipientes donde se produce la fermentación, motivo por el que, en muchas ocasiones, durante el proceso de fermentación se pueden ver burbujas subir a la superficie de los depósitos como si hirviera. Es precisamente este “hervir” el que da origen al nombre de “fermentación”, palabra en castellano del latín “fervere” – hervir)

Durante el proceso de fermentación deben realizarse continuos controles y cuidados al vino. Se controla la temperatura y se oxigena de modo continuado a través del remontado, un proceso que realizamos mediante el bombeo de vino desde la parte baja del depósito a la alta, donde se encuentra el sombrero, que es la parte del depósito donde van quedando los hollejos del vino debido al contacto con el CO2. Este proceso de remontado es fundamental para la extracción del color, pues si se corta una uva por su mitad la pulpa de la uva es translucida y el color se encuentra en la piel u hollejo.

Solo a modo de curiosidad, para los vinos blancos y rosados, el proceso varía ligeramente, pues conforme llega la uva es prensada para obtener el mosto y se produce la fermentación sin el contacto con la piel de la uva.

Estas levaduras son, junto con las bacterias, elementos indispensables para la fermentación del vino. Son microorganismos que viven en las viñas, en el suelo, en el ambiente de las bodegas… En las uvas podemos encontrar parte de estos elementos, como la pruina, esa capa blanca cerosa que es la responsable de proteger al fruto y fijar la levadura en el mosto.

Tras la fermentación alcohólica se realiza el descube, que consiste en sacar el vino de los depósitos donde ha fermentado para llevarlo a otro depósito en el que realizará la segunda fermentación, la maloláctica. Extraemos además todos aquellos restos sólidos que han quedado, que se prensan para extraer el vino que pueda quedar en ellas.

La fermentación maloláctica es una segunda fermentación donde las bacterias convierten el ácido málico en ácido láctico. Este proceso servirá para poder estabilizar biológicamente al vino.

Una vez extraído el vino del depósito, se extraen también todos los restos sólidos, donde se realizará el prensado para extraer el vino que pueda quedar, que se unirá al resto para terminar de realizar esa segunda fermentación.

Tras esa fermentación, llega el momento de decidir que vino es directamente embotellado como vino joven o de cosecha y que otros vinos tienen la capacidad de aguantar el paso del tiempo y reposar en las barricas realizando la crianza.

La sala de barricas

En esta sala, se respira una atmósfera diferente a la que hemos visto arriba. Es una sala más dedicada al reposo del vino en la que, gracias al contacto con la madera, evolucionará en su aroma y gusto.

Para la elaboración de varios de los vinos de Bodegas Luzón, la barrica es una pieza fundamental. La madera, a través de sus poros, permite el paso lento del oxígeno, que produce una oxidación suave del mismo, modificando su estructura y variando su color y sabor. Las salas de crianza están bajo tierra para poder mantener unas condiciones de temperatura y humedad prácticamente constantes a lo largo de todo el año, en tal de que no existan cambios bruscos en la estructura del vino que pueda variar su proceso.

Estas barricas tienen una capacidad de 225 litros, aunque también hay en la bodega de300 litros, y en total en las diferentes salas de crianza, tienen una capacidad para 4.500 barricas entre barricas de roble francés y americano.

Actualmente están al 50% de ocupación. Es importante conocer que las barricas tienen una vida útil de 5 o 6 años. Es decir, las barricas se llenan de vino, se vacían después de la estancia requerida del vino, se limpian solamente con agua caliente a 80º y se vuelven a llenar con otros vinos.

El motivo por el que tienen dos tipos de barrica es porque, diferentes tipos de madera, aportan diferentes matices a los vinos que en su interior hacen la crianza.

El roble francés siempre es sinónimo de elegancia. Este tipo de roble contiene un tipo de poro mucho más fino que el del roble americano, transmitiendo sus cualidades de una manera más pausada y equilibrada. Como hemos dicho, cada tipo de madera aporta también un tipo de aromas, siendo en este caso notas más sutiles y delicadas como los aromas a vainilla, miel, frutos secos, especias dulces y herbáceas y balsámicas como los de cedro, el clavo, la pimienta o el chocolate como más característicos, aunque también dependerá del tostado de la madera.

En otro lado, contamos con las barricas de roble americano, más dura que la francesa y que la convierte en prácticamente impermeable. Son de poro mucho mayor, con lo que las cualidades que aporta la madera se transmiten de modo mucho más rápido en este caso. El roble americano aporta menos taninos al vino, pero una mayor variedad de aromas entre los que se encuentran notas más tropicales o exóticas, como el coco, y aromas a café, humo, tabaco y cacao. Aromas potentes pero menos delicados que los que ofrece el roble francés.

Comentábamos antes también la importancia del tostado de la barrica, y es algo que tiene que ver también con el proceso de creación de estas barricas. De modo previo, debemos tener en cuenta que existen tres tipos de tostados para barricas, por ejemplo, de roble francés:

  • Ligero: Afecta de 3 a 5 mm de profundidad, Aporta aromas a carpintería, duros y amargos.
  • Medio: Afecta a 5 mm de profundidad. Los vinos resultantes suelen ser complejos, redondos, con pocos taninos.
  • Alto: Carboniza los primeros mm. Aporta gusto ahumado, vainilla, coco, humo…

Cada barrica está compuesta por unas 33-36 duelas, que son cada una de las piezas de madera que podéis ver. Estas duelas no están unidas por clavos o remaches, ni tienen juntas entre ellas. Lo único que hace que la barrica sea estanca es la presión obtenida en el doblado por calor. En el proceso de creación primero se preforma la barrica, colocando en su parte superior los primeros aros, dándole a la barrica una forma de tienda de indio que se coloca sobre un brasero. Así comienza su tostado que ayuda a dar flexibilidad a las duelas. Mediante una sirga tensada por un torno, y colocada de forma cruzada en la parte inferior de la barrica, se comienzan a doblar las duelas, que se irán humedeciendo para evitar que se rompan, hasta que se van cerrando y colocando los flejes. De este modo se fabrican todas y cada una de las barricas, y que quedan numeradas por lotes para que los técnicos puedan tener un control de las mismas.

Para cada vino en función de su fruta y estructura, el enologo elegirá el tipo de roble, su grado de tostado y la duración de la crianza. En este periodo los vinos adquieren redondez, se afinan y armonizan, el roble les aporta compuestos y finos matices dándoles complejidad y enriqueciéndolos, manteniendo en todo momento la premisa de transmitir la mejor expresión de la fruta y el carácter que hacen que nuestros vinos adquieran el diferencial de su personalidad.

Una vez ha alcanzado su momento óptimo, y tras la clarificación de los vinos en tal de eliminar cualquier elemento sólido que todavía pudiera quedar en suspensión, se procede al embotellado.

Zona del pasillo

Ya hemos realizado la vendimia, acudido al proceso de fermentación del vino y realizado la crianza en madera. ¿Está listo? Todavía no. En esta zona se encuentra la que podría considerarse como la última fase de tiempo de envejecimiento del vino, y es el tiempo que pasa en botella hasta que está listo para salir al mercado.

El envejecimiento de un vino en botella es de naturaleza distinta a la producida en barrica.

El motivo es porque el vidrio no deja pasar el oxígeno, y la micro-oxigenación que antes obteníamos en la madera, se realizará solamente a través del corcho.

Esto implica, por tanto, que el vino permanezca durante largo tiempo en una práctica ausencia de oxígeno, lo que significará que algunos componentes, que durante la crianza en barrica llegaron a cierta oxidación, recuperen cierto estado reductivo.
En la botella recibe una crianza en una práctica ausencia de aire, en un ambiente reductor, que lo redondea armonizando sus aromas y optimizando sus características organolépticas.

Continua la evolución en color, se desarrollan, potencian y aumentan los aromas en una evolución más lenta, desde el punto organoléptico, que en una barrica.

Es importante que para la conservación del corcho, las botellas permanezcan en posición horizontal para que el vino esté permanentemente en contacto con el tapón, con lo que se refuerzan sus cualidades impermeables y a una temperatura y humedad constantes que vayan entre los 15-18 grados y una humedad que ronde el 80 – 85%.

El tiempo de estancia en los botelleros está en función del tiempo que haya pasado en barrica, ya que el objetivo es que el vino redondee, que los aspectos adquiridos en la barrica se ensamblen con los caracteres frutales.

Santuario

En todas las bodegas con cierta historia, uno de los lugares más importantes que podréis encontrar es el Santuario, o cripta como se llaman en algunas otras bodegas, o incluso el cementerio.

En esta zona de la bodega se almacenan todas las añadas realizadas por Bodegas Luzón desde el año 2001. Es un lugar donde la temperatura y la humedad juegan un factor determinante para que podamos conservar cada uno de los vinos que han creado a lo largo de nuestra historia reciente de un modo óptimo. Estas botellas se almacenan en sus nichos con un doble objetivo. Por un lado, recordar a las generaciones futuras la historia de la bodega, y de aquellos que crearon y dieron lugar a cada uno de los vinos y, por otro lado, la realización de catas verticales (diferentes añadas del mismo vino), que permite a los enólogos corregir o perseguir determinados matices.