Cigales, el gran descubrimiento

Es la más pequeña de las denominaciones de origen castellanas, y tiene varias características contradictorias, como son la extraordinaria calidad de sus vinos, por una parte; y a la vez, que son muy poco conocidos. Si a alguien, medianamente aficionado, se le pregunta por Cigales, responderá enseguida que sí, que ha oído hablar o ha probado sus famosos claretes; pero si se le pregunta por sus tintos casi nadie tendrá ni idea, ni siquiera de que existen.

Y vaya que si existen, y disponen de una batería de marcas que dejarán sorprendidos, por su calidad, a quienes se decidan a probarlas, y además a precios razonables porque como son poco conocidos, pues van de suaves, de momento. El grupo de expertos en enología que realiza anualmente la obligatoria calificación de añada, suele valorarlas entre muy buena y excelente; lo cual tiene sentido si se analizan las características de su clima, su suelo y sus uvas.

Pero vayamos por partes. Cigales está situada junto a la ciudad de Valladolid y es una zona pequeña de unas 2.700 hectáreas en la depresión del Duero, a ambas orillas del río Pisuerga y que se extiende por diez municipios. Con unos 700 metros de altitud, los viñedos ocupan pequeñas lomas de suelo pedregoso y disponen de un clima terrible de inviernos gélidos y veranos muy calurosos, lo cual será duro para los habitantes de la zona, pero estupendo para la calidad de los vinos. Está en pleno corazón del Duero con Ribera al este, Toro al oeste y Rueda al sur, pero todos muy cerquita. Comparte con estas zonas, además, las variedades de uva, y la tinta es la Tempranillo, claro, y en blancas cuenta con la Verdejo y con la Albillo.

Con mucha tradición vinícola, aunque la denominación solo tiene unos diecisiete años, los viticultores, tenían en sus viñas mezcladas las cepas tintas y blancas, con gran preeminencia de la tinta. Así que tradicionalmente vendimiaban a la vez y hacían, y hacen, sus famosos claretes que siempre se han vendido muy bien. Sin embargo desde hace años pensaron que los tintos tendrían un mayor valor añadido y con esos pedazos de tempranillos de cepas viejas que poseen, se podría envejecer, criar y hacer tintos de bandera. Y lo consiguieron, simplemente separando las cepas blancas de las tintas.

Es verdad que siguen haciendo claretes estupendos, pero es en tintos donde llevan tiempo pegando fuerte. A todo ello ayudó el desembarco en la zona de una firma muy poderosa, como es la riojana Barón de Ley, quienes inteligentemente descubrieron las virtudes de Cigales y pusieron en marcha la marca Museum, el cual por cierto le da unas cuantas vueltas a muchos de los vinos de la casa madre. De Ribera llegó Carlos Moro, de Matarromera, para hacer el excelente Valdelosfrailes. Ana Martín y María Pinacho, dos enólogas de fama, elaboran el Traslanzas, también está Cesar Príncipe, quizá el más reconocido de los vinos de esta zona. Viña Concejo, Lezcano Lacalle Du, La Legua, sobre todo su vino El Capricho, son elaboraciones que se abren paso por su absoluta calidad. En definitiva, una DO en pleno crecimiento y con un gran potencial, las calidades y buenos precios de los Cigales los convierten en auténtico descubrimiento.